Un juego con mucha garra, así se puede denominar al encuentro de Brasil y Corea del Norte. Kim Jong Hun se inspiró en la legendaria Muralla China y construyó una infranqueable barrera con cinco de sus defensas al fondo del terreno de juego y cuatro más en el medio campo que hicieron desaparecer a dueño de la creatividad brasileña, Kaká, así como a su sustituto Nilmar, ninguno pudo superar la defensiva norcoreana que no regalo ni un centímetro de área a su rival. Durante la primera mitad los asiáticos hicieron gala de un juego solidario con el cual no tuvieron mayor problema para bloquear la ofensiva de los pentacampeones.
Sin embargo todos los esfuerzos norcoreanos se vieron perdidos cuando a diez minutos de iniciado el complemento aparecieron las individualidades que caracterizan a Brasil, ya que tras un pase de Elano que divisó el desborde de Maicon por la banda izquierda, este último marcó un gol de ensueño, dio un lanzamiento con un efecto singular que hizo que el balón encontrara un hueco entre el primer palo y el arquero Ri Myong Guk, que tuvo una precipitada salida, y no paró hasta tocar la red.

El tanto de Maicon marco un punto de quiebre en el partido ya que los rojos se replegaron y Brasil generó más ocasiones de gol, sin embargo, la estrella del campo de juego no podía culminar un brillante encuentro sin marcar su gol, es así que a los 78 minutos del encuentro, un pase profundo de Robinho encontró la pierna de Elano y este no perdonó el arco rival y mandó el esférico al fondo.
A pesar de la desaparición de Kaká y Luis Fabiano, el partido se tornó más sencillo para los brasileños, a pesar de esta abatida, los asiáticos no se rindieron, siguieron firmes en su defensa y con la cabeza en alto decidieron vender cara su derrota. Cuando ya todo parecía concluido, cuando todos creíamos haber visto el final del encuentro y veíamos a un todopoderoso Brasil, surgió Ji Yun Nam, el centrocampista no dudo un segundo en rematar el pase de su compañero bajó de cabeza al área y remató con alma, vida y corazón directo a la portería de un desaparecido Julio César, todos se quedaron sorprendidos, pero el premio era muy bien merecido, para un cuadro que hizo todos los méritos posibles.

El resultado devolvió a los norcoreanos una pequeña esperanza, y dejó a los brasileños en una posición algo cómoda, pues aunque se llevaron los tres puntos se llevan también una gran reocupación, pues su siguiente rival no será nada fácil, Costa de Marfil no pretende irse a casa tan pronto y una derrota no está en los planes de Sven Goran Erickson, sin lugar a dudas, los brasileños tienen una difícil tarea.
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